La transmisión del VIH

15/07/2017

La transmisión del VIH en las consultas dentales

Cómo minimizar un potencial riesgo de infección

Para minimizar un potencial riesgo de infección, los autoclaves de cada instalación sanitaria deben someterse por ley, a métodos de descontaminación y esterilización especiales que incluyen no sólo el instrumental utilizado, sino también el entorno de trabajo. El objetivo es minimizar el riesgo de infecciones para los profesionales sanitarios y, por tanto, para los pacientes. De hecho, cada consulta dental cuenta con una máquina especial, el autoclave dental, encargado de la inactivación microbiana de potenciales agentes patógenos residuales.
No se puede descartar que el instrumental dental pueda ser vehículo de infección de enfermedades muy graves, como por ejemplo el VIH, pero está claro que todas las medidas adoptadas están encaminadas a eliminar cualquier posibilidad.
La inmunodeficiencia humana, o SIDA, es una enfermedad provocada por un virus que muestra una elevada capacidad de infección y contagio, sobre todo mediante el contacto directo con la sangre.
La transmisión del VIH en las consultas dentales puede suceder si no se respetan las directrices de esterilización que establece el Decreto Legislativo 81/2008 y ss. acerca de la protección del profesional y de las instalaciones sanitarias contra agentes biológicos patógenos, por eso resulta imprescindible y fundamental respetar estrictamente las reglas que establece la legislación.

La naturaleza de los tratamientos dentales podría exponer a los pacientes a un alto riesgo de contacto con el virus responsable del VIH, pero todas las normas preventivas que se adoptan entre un paciente y el siguiente, hacen que se evite cualquier posibilidad.
Cada dentista, auxiliar y profesional sanitario está obligado a usar guantes de látex, camisa, máscara y gafas de protección que se cambian y destruyen después de cada paciente, o que se esterilizan adecuadamente en caso de que no se trate de material desechable.

Por lo tanto, garantizar la esterilidad del entorno y de los instrumentos pasa a ser básico no sólo para los pacientes, sino también para los trabajadores sanitarios que manejan instrumental potencialmente contaminado y para aquellos dentistas que realizan intervenciones quirúrgicas.
Por eso el correcto mantenimiento de un autoclave dental resulta un paso clave en una correcta esterilización, ya que la eficacia de la maquinaria es directamente proporcional a su función principal y a la finalidad con que se utiliza.
Por ello, cada autoclave deberá someterse, al menos cada 15 días, a un control biológico especial para asegurarnos de que se ha realizado la descontaminación y la total destrucción de cualquier microorganismo patógeno o de posibles esporas.

Existen etiquetas especiales impregnadas de un indicador químico específico que puede dar una confirmación real de la verdadera eficacia de la esterilización efectuada por un autoclave.
Estos procedimientos son la base del correcto uso de un autoclave dental, asegurándonos así de que las superficies de trabajo, los instrumentos, materiales y las prendas de vestir del entorno de trabajo se han desinfectado totalmente y evitando no solo la posible contaminación por el virus del VIH, sino también por bacterias Gram + y -, hongos, bacilos, tuberculosis y hepatitis B y C.

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