La base ética y científica de la odontología moderna

Esterilización: la base ética y científica de la odontología moderna

La visión de la Dra. Gema Maeso, especialista en periodoncia e implantología

La esterilización no es una «fase técnica» que deba apartarse de la actividad cotidiana de la clínica: es un elemento estructural de la calidad clínica, un proceso que, si está realmente integrado en la rutina operativa, deja de ser un mero cumplimiento y se convierte en lo que realmente debería ser: una garantía de seguridad para el paciente y el equipo de odontólogos.

Esta visión surgió con especial claridad en una reciente intervención de la Dra. Gema Maeso* en la Academia de Ciencias Odontológicas, que situó en el centro del debate metodológico un principio esencial: la bioseguridad no es un protocolo accesorio, sino la base ética y científica de la odontología moderna. Sin esta premisa, la práctica clínica, aunque tecnológicamente avanzada, perdería su significado primario, sin garantizar al paciente el máximo nivel de seguridad posible con respecto al riesgo de infecciones cruzadas.

La esterilización como cultura clínica

Un error aún generalizado es considerar la esterilización como un conjunto de reglas que deben respetarse, a menudo por temor a un control o por mera costumbre. Pero la esterilización no es una lista de verificación, es una cultura que se construye con el tiempo y que se basa en:

  • método (un flujo coherente y repetible),
  • disciplina (rigor constante, no episódico),
  • control (comprobaciones objetivas, no presunciones),
  • trazabilidad (capacidad de documentar y reconstruir).

Cuando falta alguno de estos elementos, la esterilización corre el riesgo de convertirse en una peligrosa ilusión de seguridad.

El riesgo de infecciones cruzadas

En la odontología se trabaja a diario con instrumental que entra en contacto con sangre, saliva y tejidos, creando aerosoles y pequeñas gotas. En este contexto, cualquier fallo en el reprocesamiento puede convertirse en un riesgo real de contaminación cruzada: entre los pacientes, del paciente al personal y del entorno al paciente.

La esterilización, por tanto, no es una formalidad, sino una auténtica garantía clínica. Y como todas las garantías, debe basarse en pruebas, procedimientos y verificaciones.

En este escenario, surge la función más profunda del odontólogo como guardián de la salud: su misión de cura no se limita a la intervención clínica directa, sino que se extiende a todos aquellos procesos «invisibles» que garantizan la seguridad del paciente. De hecho, curar significa proteger, y no hay protección sin un protocolo de bioseguridad impecable.

Dos «avances» que han cambiado la bioseguridad en la clínica dental

La evolución de las prácticas de control de infecciones a lo largo de los años ha sido impulsada por momentos históricos que han impuesto a la profesión un cambio de conciencia:

  1. Década de 1980 – VIH
    Un punto de inflexión que transformó el enfoque de la higiene y la protección, acelerando la adopción y la evolución de los sistemas de esterilización en la clínica (en particular, la difusión de los autoclaves y la estandarización de los procedimientos).
  2. 2020 – COVID-19
    Un nuevo shock sistémico que volvió a poner en el centro de atención lo que a menudo se daba por sentado: la gestión de los aerosoles, las superficies y los ambientes y la importancia de un reprocesamiento seguro combinado con barreras de protección eficaces.

Dos acontecimientos diferentes, un único mensaje: la bioseguridad no es negociable. La prevención funciona cuando se convierte en rutina: procedimientos claros, comportamientos coherentes y resultados verificables.

La sala de esterilización como centro neurálgico invisible de la clínica

La esterilización adquiere de esta forma un papel protagonista. Una imagen que la describe muy bien es la del «corazón invisible y palpitante» de la clínica. En otras palabras, citando a la Dra. Maeso:

«La sala de esterilización es el espacio donde la ciencia y la ética se encuentran, donde cada ciclo de autoclave representa no solo un protocolo técnico, sino un acto de responsabilidad y respeto por la salud de los demás. En esta sala, el profesional no busca reconocimiento, sino seguridad; su excelencia no se demuestra en lo que se ve, sino por el riesgo que, con silencioso rigor, consigue prevenir. La limpieza, la trazabilidad, los controles biológicos y químicos, el registro de cada carga y el mantenimiento de los equipos representan un lenguaje propio, una auténtica gramática de la asepsia que sustenta el acto clínico. En la era del avance tecnológico, la sala de esterilización no debe ser un espacio marginal, sino un núcleo de innovación y formación continua, donde la excelencia se mide por la ausencia de riesgos y la confianza que el paciente deposita en nuestras manos».

En la sala de esterilización se deben aplicar tres conceptos clave:

1) Áreas bien definidas

Las fases del proceso deben ser evidentes en la distribución del espacio, incluso antes que en el protocolo:

  • zona «sucia» (descontaminación y lavado),
  • zona «limpia» (acondicionamiento, esterilización y salida).

Cuando la secuencia se interrumpe, aumenta el riesgo de nueva contaminación y disminuye el control y la repetibilidad del proceso.

2) Uso de los EPI

En la sala de esterilización el paciente no está presente, pero el riesgo de exposición a instrumental y materiales contaminados es real. Para ello, los EPI y las normas operativas deben mantener el mismo nivel de rigor que el área clínica.

3) Método reproducible

La seguridad no se obtiene de la intención, sino de la repetibilidad: procedimientos claros, instrumental adecuado, tareas definidas y controles. La repetibilidad es la garantía de que la salud del paciente no se confía al azar, sino a un sistema organizado y constante que tiene como objetivo minimizar cualquier posible margen de error.

Un proceso encadenado

La esterilización es un proceso continuo: no puede ser eficaz si falta uno solo de los pasos que lo componen. No existe «esterilización correcta» si:

  • la limpieza es incompleta,
  • la desinfección es aproximada,
  • el instrumental no está seco,
  • el acondicionamiento es defectuoso,
  • el almacenamiento es inadecuado.

Por este motivo, cada paso debe ser preciso, riguroso y estandarizado.

La limpieza es el primer pilar, donde entran en juego dispositivos que reducen la manipulación manual, aumentando la seguridad, la eficacia y la estandarización, como las termodesinfectadoras y las cubas multifunción.

Inmediatamente después, el secado: una fase importante porque la humedad puede comprometer el trabajo realizado anteriormente y favorecer una nueva contaminación.

El acondicionamiento consiste en crear y mantener una barrera estéril: sin un embolsado correcto, la esterilidad no se mantiene a lo largo del tiempo.

La esterilización está basada en el método: elección del ciclo correcto, calidad del agua, carga adecuada y mantenimiento periódico.

Sin embargo, la seguridad debe demostrarse: controles, indicadores y test de validación rutinarios no son un extra, sino una parte integral del proceso. Además, la esterilización debe ir acompañada de trazabilidad: registrar los datos de cada ciclo no es burocracia, es gestión del riesgo: hace que el sistema sea sólido, verificable y mejorable.

Por último, el almacenamiento. Solo un almacenamiento respetuoso y adecuado puede preservar la esterilidad de las bolsas, sin que todo el proceso realizado anteriormente se vea afectado. Pero no es un simple almacenamiento, es un compromiso con la continuidad de la seguridad del paciente.

 

La esterilización es el punto en el que la calidad clínica deja de declararse y pasa a ser medible. Es un sistema basado en métodos, controles y trazabilidad, que solo funciona si cada paso está bajo control. En este sentido, la bioseguridad no es un concepto abstracto, es la forma más concreta que tiene una clínica para demostrar su nivel profesional. De esta forma, la esterilización es también un gesto profundamente humano.

Es la forma más concreta de respeto hacia el paciente, sobre todo porque se produce cuando no está presente: no se ve, no se explica, no se «muestra» como una tecnología o un funcionamiento clínico. Sin embargo, aquí es donde se juega una parte decisiva de la relación de cuidados. Dedicar tiempo, recursos y atención a la correcta ejecución de los protocolos, invertir en formación continua, mantener altos estándares incluso cuando la rutina podría llevar a simplificarlos es un posicionamiento ético: significa afirmar que la seguridad de los demás está antes que la prisa, la costumbre y la aproximación.

Por lo tanto, la esterilización es una responsabilidad silenciosa. Es la diferencia entre «hacer las cosas» y hacerlas bien, todos los días, incluso cuando nadie mira. Es una forma de entender la profesión que reconoce un hecho esencial: la calidad clínica no es solo lo que se lleva a cabo con el paciente, sino también lo que se previene para el paciente. Y cuando la prevención se convierte en cultura, la clínica no está simplemente cumpliendo con un protocolo: está protegiendo la dignidad de la atención, la seguridad del grupo y el valor de la confianza que los pacientes depositan en nosotros. Retomando las palabras de la Dra. Maeso, podemos afirmar que la bioseguridad no solo protege la salud, sino que también «protege la confianza».  Es la base invisible que sostiene cada sonrisa tratada, cada tejido regenerado y cada paciente que se sienta en el sillón con la seguridad de estar, por encima de todo, protegido.

Este artículo está inspirado y extraído del discurso de la Dra. Gema Maeso, titulado «La esterilización en odontología: innovación y responsabilidad profesional», pronunciado con motivo de su ceremonia de investidura del prestigioso título de Académica Correspondiente de la Academia de Ciencias Odontológicas de España.

En Euronda celebramos con entusiasmo este hito profesional que nos llena de orgullo, ya que se trata de un reconocimiento que confirma y valora su trayectoria clínica, didáctica y de investigación, así como su compromiso constante con la excelencia y la seguridad en la práctica odontológica.

 

 

*Dra. Gema Maeso, especialista en periodoncia e implantología certificada por la Federación Europea de Periodoncia y la Academia de Ciencias Odontológicas de España.

Categorías

Top